Octubre 2007. Tenía buen recuerdo de mi recorrido del año pasado por estas fechas por el Valle de Pineda y la Senda del Notario. Además había dejado algo pendiente (o al menos eso creía yo). Por otro lado quería conocer la zona este, noreste y suroeste de esta mole verdinegra que es el Curavacas. Así que pensé en hacer un recorrido circular partiendo y llegando a Vidrieros.
Llegamos a Vidrieros poco antes de las diez de una fría y soleada mañana. Sopla algo de viento. Algunos coches blancos por la helada de la noche. Preparamos las mochilas y comenzamos a andar sobre las diez y cuarto. Remontamos hacía la iglesia para coger la pista que nos va a llevar hacía el monte de Las Huelgas.
Subiendo por la pista hacía el monte de Las HuelgasValdenievas y al fondo Espigüete.En primer plano cara sur del Curavacas y al fondo Espigüete.Por la cresta hacía el Hospital.Buscando el mejor pasoCara este de Curavacas con la Pedrera Pindia y la Brecha Muerta (flecha roja).Llegando al Collado del Hospital (abajo a la derecha).Bajando al Hoyo Muerto. Con circulo rojo el lugar donde está la cruz conmemorativa del accidente del 57Cruz conmemorativa, Pozo Muerto, Valle de Pineda y, al fondo, la Sierra de Peña Labra.Observando el Diedro del Oso en la entrada a la Pedrera PindiaRemontando la Pedrera Pindia.Llegando al inicio de la Grieta Muerta.La Pedrera Pindia y el Pozo Muerto desde el inicio de la Grieta Muerta.Remontando la pared antes de llegar a la zona de la cueva.Pared noreste. Aguja Olvidada y Placa Amarilla.Macizo Central de los Picos desde la Brecha Muerta.Peña Prieta, Tres Provincias, Celestino y el «crater» donde se encuentra la Laguna de Fuentes Carrionas.El sol dando de pleno a la proa del buque insignia de la Montaña Palentina.Iniciando la trepada para salir a La Llana.En la cumbre con Peña Prieta y los macizos Central y Oriental de PicosPozo de Curavacas, Puertos de Riofrio y los Picos. Con flecha azul se indica el lugar de subida y con roja el de bajada.Aspecto de la canal de bajada de La Llana a la Senda del NotarioAspecto de la zona de la Brecha Muerta de regreso para bajar por la Senda del NotarioBajando hacía el Pozo con el macizo Oriental de picos al fondoLa pared norte y la salida a La Llana indicando el lugar de subida y bajadaLlegando al Pozo Curavacas. Señalado con un punto azul el lugar donde se encuentra el Chozo del Ves (donde dormimos).El pozo Curavacas con la cima de la montaña al fondo.Son poco más de las seis y hasta que anochezca me dedico a buscar el Chozo del Tío Vicente. En realidad, tanto el “chozo” de Vega de Cantos como este del Ves, no son propiamente chozos pues son construcciones en toda regla. El de Vicente sería un cobijo aprovechando una de las muchas piedras que pueblan la zona y más o menos reforzado o protegido. Hago fotos a toda piedra viviente de la zona, por si acaso ¿Será alguna de ellas el buscado Chozo de Vicente?El año pasado tomé a este por el Chozo del Tío Vicente pero Alejandro Diez Riol me sacó del error.En esa ocasión también fotografié otros “chozos”. El de está fotografía no coincidía para nada con la descripción y por lo tanto quedaba descartado.El otro no se podía llamar siquiera chozo pues apenas era una oquedad en la piedra. Entonces ¿Dónde estaba el Chozo del Tío Vicente?En aquella ocasión no me dio tiempo a investigar más pues enseguida se hizó de noche y además estaba convencido de que lo tenía. Esta vez ya me iba fijando desde las alturas. En la siguiente foto, tomada desde la Brecha, figura con círculo rojo el Chozo del Ves, donde pasamos la noche, con círculo azul las grandes piedras que descubrí esta vez y con círculo amarillo la zona donde estaban los “chozos” fotografiados en mi anterior visita.Cuando llegué a la zona donde había dormido el año anterior volví a fotografiar los chozos (por si acaso, me dije) que están prácticamente seguidos y muy cerca del arroyo que baja del Pozo Curavacas (las fotos están puestas en el orden en que te encuentras los chozos según bajas por el sendero que lleva al pozo).Cuando llegué a la zona donde había dormido el año anterior volví a fotografiar los chozos (por si acaso, me dije) que están prácticamente seguidos y muy cerca del arroyo que baja del Pozo Curavacas (las fotos están puestas en el orden en que te encuentras los chozos según bajas por el sendero que lleva al pozo).Cuando llegué a la zona donde había dormido el año anterior volví a fotografiar los chozos (por si acaso, me dije) que están prácticamente seguidos y muy cerca del arroyo que baja del Pozo Curavacas (las fotos están puestas en el orden en que te encuentras los chozos según bajas por el sendero que lleva al pozo).Así que, después de vagar un buen rato por El Ves buscando piedras, me fui a fotografiar los grandes bloques (circulo azul) que había cerca de nuestro refugio (el Chozo del Ves que se puede ver a la izquierda de la foto, en el centro)En este grupo encontré hasta cuatro “chozos”. Este primero que no me parecía en absolutoEste otro me pareció que si que podría ser. Encontré en su interior un gran rollo de material de embalaje y leñaOtro más que tampoco me pareció asemejarse a lo que buscaba.De este me animó el ver en su exterior un montón de botellas vacias y botes de conserva roñosos. Pero su interior era tan escueto que me volví a decepcionar.A la mañana siguiente nos levantamos con el alba, recogemos y abandonamos la cabaña (el que ahora llaman erróneamente Chozo del Tío Vicente) que nos ha dado cobijo durante la noche. En el Ves hay, por lo menos, otra cabaña más pequeña que esta y situada más arriba en dirección al collado. Un poco más abajo de los pozos inferiores del Ves me pareció ver otra pero cuando subimos y la vi. más de cerca resulto ser una piedraTranquilamente nos encaminamos hacía el Pozo del Ves remontando por las suaves laderas de su “lomo calar”Nos vamos acercando al hoyo que esconde este misterioso y recóndito lago que ya tenía ganas de conocerEnseguida estamos en la orilla. Por los alrededores aparecen y desaparecen grupos de corzos que asisten intrigados a nuestra presencia.Un poco más abajo aparecen como dos reflejos los hermanos pequeños rodeados del verdor de los prados del Ves.En lugar de subir al Postil de Soña por el Pedrero preferimos remontar por la falda de La CurruquillaEn nuestra ascensión nos encontramos con muestras de las heladas que han caido durante las últimas nochesVamos dejando abajo las extensas praderas del Ves. A lo lejos nos observan el Cuartas, Celestino, Tres Provincias, Peña Prieta…Llegamos al cordal y aparece de nuevo el bello Espigüete, tras Canchas de Ojeda. Siguiendo el cordal, en la foto, aparece también Hoya Contina. Estamos a un paso de la cima del CurruquillaLlegamos al cordal y aparece de nuevo el bello Espigüete, tras Canchas de Ojeda. Siguiendo el cordal, en la foto, aparece también Hoya Contina. Estamos a un paso de la cima del Curruquilla.Por diferentes circunstancias decidimos descender por el pedrero que ofrece un inmejorable aspecto para la bajada hacía la pista que nos devolverá a nuestro punto de partida.Finalizado el pedrero y una buena senda tomamos la pista que recorre Valdenievas. En algunos puntos llama la atención el contraste de colores entre los pinos y los otoñales robles.De camino vemos ahora la cara suroeste que tampoco conocíamos. A la entrada de este valle se ve enseguida el refugio de Postil de Soña.De camino vemos ahora la cara suroeste que tampoco conocíamos. A la entrada de este valle se ve enseguida el refugio de Postil de Soña.Y enseguida Vidrieros donde damos por concluida la vuelta alrededor de esta impresionante montaña. Queda por saber si, por fin, hemos localizado el Chozo del Tío Vicente. Tras enviar las fotos a A. Diez Riol, señalando con círculos de diferentes colores las zonas donde están los chozos, recibo un correo en el que, además de información sobre el origen de la propiedad del Chozo, me devuelve las fotos señalando cuál de los numerosos chozos es el autentico. La foto clave es esta:Si la comparamos con esta otra publicada por Alejandro en un post en Foropicos, no debía caber ninguna duda.El Chozo del Tío Vicente no podía ser otro que este según me indica Alejandro. O sea, el mismo que yo había fotografiado y descartado el año anterior. Pero, por fin, había aparecido el auténtico Chozo del Tío Vicente